El amor, un tema favorito en el hombre-.

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miércoles, 10 de octubre de 2012

El hombre y la vasija (Parte I)

Existía en ese tiempo un viejo traste que acuñaba los sonidos más dispares que pudiera el hombre imaginarse. Escondido en el más oscuro rincón, se extendía por las catacumbas de aquel lugar las reverberaciones de ese aparato antiguo. Yo había caído y mis sentidos estaban más despiertos. Lo habitual era tan distinto en realidad: una casualidad apenas. Dentro y fuera estaba el movimiento completo, desdibujando la frontera de mi cuerpo y el mundo. Su voz reverberó en mí, yo me quedé sin palabras para seguir contándome. Mi forma surgió en él, salió por fin de ese oscuro misterio.
-He seguido esta historia durante mucho tiempo, ¿sabes?-.
Decía el dios para mí. Y yo como humilde mortal extendía mi mano hacia el jarrón de un metal precioso lleno de luz, sin atreverme a tocarlo.
-No he podido encontrar algo que se le iguale-.
Yo quedé asombrado por su afirmación.
-¿Entonces usted cree que es la mejor historia que ha creado el hombre?-. El dios me miró.
-Por supuesto que no, eso sería ridículo... hay millones de individuos en el mundo-.
Me giré hacia el jarrón y lo observé con toda mi atención. Las palabras del dios me aturdieron y no conseguí ver nada en el objeto. El miedo me invadió tanto, con sólo imaginarme un malentendido que hiciera germinar la ira del dios las palabras huyeron tras de mí.
-Hay tantas maravillas en la tierra, es imposible señalar la mejor invención. Pero esta historia me ha fascinado tanto...-. Sonreían sus ojos y su boca frente al metal hermoso, lleno de reflejos solares, sonreían como el espíritu de un animal frente a su alimento.
-Padezco de la ignorancia de esta historia, señor mío...-dije en un susurro.
-Este es un cántaro de agua. Libremente el agua habita aquí, en este recipiente que no tiene fin...hace tiempo existía un hombre que podía cargar este cántaro...viajaba caminando por la tierra...ahora no existe más y este cántaro ya no puede ser cargado por otro-.
Miré de nuevo el cántaro: parecía que el tiempo no hubiera atravesado nunca su material. El dios se apartó del haz de luz hacia la oscuridad. De nuevo sus pasos eran invisibles para mí. El cántaro se estremecía grave hasta la lejanía, estando sin embargo tan cerca.
-El hombre podrá encontrar la libertad que encierra el cántaro, en el futuro. Pero no será de su mano directa de donde lo tome: habrá que encontrar otro cántaro que contenga un alimento eterno capaz de alimentarlo-.
-¿Cómo podrá encontrarlo si no será de su propia mano?-.
-El anonimato hará surgir el cántaro, tal cómo me ha hecho surgir la oscuridad a mí... los hombres deben confiar en aquello que no pueden comprender.... la influencia de lo que no puede ser controlado es tan alta en la vida de los hombres... como la ubicación de la estrella más distante-. Y por vez primera el dios sonrió ante mi, con su mueca transformada en otra mueca.
- Esto es todo lo que recuerdo: ahora la sed me persigue. Retumbo en los pasos de los muertos, recopilo información. He precisado estos años de ardua búsqueda para caer en cuenta que quiero hacer andar un aparato imaginario. No sé si pronto vivirá, todo depende del hombre. Más mi sed jamás ha visto cosa semejante pisando la estratosfera... estoy seguro que más de uno aguarda por él, tanto como yo, o tanto como tu-.

Mis pies se humedecieron de repente. Miré hacia abajo y los vi hundidos en una arena negra que iba recibiendo de la nada agua parecida a la del mar muerto. Me asusté.
- Su poder será tal que podrá captar el presente y resguardarlo para siempre-.
- Imposible-. Dije en un suspiro.
- El tiempo será transformado con ello y el amado encontrará una gran mano amiga. Pasado, presente y futuro cobrarán el mismo valor, serán solo uno y no significarán nada, luego lo significarán todo. El hombre vivirá rodeado de nuevas invenciones, la extensión de su mente y de su incansable imaginación tendrá al fin un lugar físico en el mundo. Su túnica cambiará, sus pasos cambiarán. El agua de este nuevo cántaro llenará de vida a la libertad y a la justicia-.
- Perdóname, dios... no sé cómo llegué aquí, no comprendo por qué yo he sido el elegido para ver salir tu figura de la penumbra, pero no comprendo tus palabras... perdóname, dios, soy de tu presencia lo más inútil del hombre-.
- Tú cómo todos recibirás el agua del cántaro. Y serás también uno de los muchos que podrá cargarlo. Porque el mundo es tan ancho... todos los individuos desaparecerán, cada uno no significará nada, luego todos significarán el todo... el valor cobrará su recompensa en la ausencia de las apariencias... todo tendrá un abismo y un mar inmenso, todo tendrá un prisma y un tesoro escondido, todo tendrá una metáfora... no es tu deber saber, es tu deber andar-.
- Ya no sé caminar en este mundo sabiendo que el destino de mis pasos no existe más: mi amada ha muerto y no podré volver a verla. Los muertos no habitan ningún lugar, no cuentan ningún tiempo, no encarnan ningún cuerpo... es mi pesar seguir andando por el mundo, llevando conmigo el peso de todos esos años de recuerdos, hundido en la agonía y en la nostalgia de todos estos años venideros-.
-Tu corazón desconoce el mundo de los muertos, aún cuando vive dentro de él, en el cuerpo de tu amada... la vida allí no se iguala a la vida en la tierra, existen las más extrañas bellezas y los secretos más ocultos... las criaturas que allí habitan no cargan la luz del día ni la energía del sol, la energía de este mundo terrestre... por eso no puedes conocerlo, por eso no puedes percibirlo... no todos pueden entrar en la habitación más oscura del mundo... casi nadie puede salir de allí -.

El agua negra se expandía hasta la línea lejana que alcanzaban mis ojos. La luz era un tierno simulacro de mi mundo, esperanzada por una vida que no presenciaría yo jamás, como lo que vive más allá de esa línea. Si tan solo la luz tuviera un cuerpo más, podría distinguir esas siluetas invisibles. Tornarse visible la oscuridad eterna. Pero las palabras del dios presentado clavaban en mi las largas espinas de lo indecible. Si mi amor se había consumido en una hoguera que yo había atizado con el tiempo, quedaban en el eco sus cenizas. Todavía permanecían en mi interior, aún cuando yo me había olvidado de ellas, aún cuando yo me perdía en el olvido. Parecía estar tan distante esa densa sombra infrahumana, como si estuviera en el otro extremo de la tierra. Más en realidad estaba todo aquí presente, dentro y fuera.
- Cada alma es un canto y cada verso es un rastro del sufrimiento humano. Cada instrumento es compasivo con ese sufrimiento, hace del sonido un arco templado apuntando hacia la libertad del sueño... No te vale de nada estar despierto si no das cara a tus rituales, que viven gracias al sueño... todo es una ilusión, un buen símbolo, no dejes de ser compasivo en el canto de tu sufrimiento-.

El dios puso ante mi el dios que le daría de beber al hombre muchísimos años después. Yo no lo entendería hasta el momento en que mis pulmones estuvieran llenos de esa agua oscura que no tenía comienzo ni fin. Las palabras se perpetuaron en mi cuerpo, cómo un destino trágico y cruel. El agua era parte de mí, y yo era parte del agua.

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