Veo el comienzo después del fin, el amor en desamor es al fin y al cabo la falta de un cuerpo bautizado con tu nombre. Recibí tus cartas, qué mas da, no me animo ni siquiera a responderlas. Me rehúso al drama de tu ausencia llenando mi corazón de otras pasiones. Por ejemplo, hoy me di cuenta que adentro de una casa no puede estar la ciudad: puedo percibirlo aquí de verdad, en esta casa que apenas pisé ayer. Me alegra saber que aún existen para mí espacios llenos de música, porque sé que la música siempre está ahí aunque por momentos no podamos reconocerla: el saxofón de Manuela duerme sobre la librería, detrás se encuentra la pared roja de ladrillos sin adoquinar... no sabes cuánto extrañaba esta sensación, los volúmenes desnudos. No conozco a Manuela, aunque no sé, a veces imagino que sí es una especie de destino todo esto. Las puertas no tienen vidrios ni madera: son solitarios marcos verdes, vacíos, frívolos, tanto es así que se detienen ciertos pensamientos. Por el contrario, los libros parecen aglomeraciones de gente, los colores se multiplican con la luz, los sonidos imitan otros. Sonrío: estar aquí es una inspiración poco corriente.
La oportunidad se da y ahora estoy sentada escribiendo. No encuentro por donde comenzar, el paisaje alterno de la realidad es tan tranquilo, da lástima moverse. Inevitablemente "calor y frío". De soslayo repiten las muecas de mi boca tus últimas frecuencias sonoras luego de varios días recorridos desde cuando te fuiste, viviéndolo en un lugar ajeno, quizás en un paisaje alterno pasará desapercibido para mi corazón. Porque no puedo volver a reproducir esa voz mía que es en definitiva tuya: acepto que existen palabras patriotas que admiran una única bandera, que se empecinan en perseguir una vasija de sentido que las contenga, pero el lamento de ese instrumento tiene un eco tan cruel e impronunciable, ¡que se dispara el torrente de los días comunes!, y en fin: quedará todo lo nuestro oculto en las remembranzas, en los cantos alegóricos de un Homero que nunca vivirá, porque lo nuestro era y es un héroe sin historia. Aún así su hermosura bien podrá vivir eternamente en una vida de tantas diminutas que caminan con fragilidad por esta vida, que es más grande y más extraña que la verdad...qué más da, no puedo dejar de sonreírte inclusive a cientos de kilómetros de distancia.
Cierro los ojos cuando un olor se acerca al tuyo: se desliza entre los vestidos de Manuela, algunos hombros de transeúntes anónimas, cajas decorativas, puestos de revistas, hasta algunos cines, puedo observarlo claramente. "Lo sé", dices, aunque nadie más pueda comprender. Y mi puesta en escena no tiene nombre entonces, el público que habla sin mirar, reconozco ahora que tenías razón: el mundo de los secretos puede ser el cielo de la estrella más alta, puede ser donde por fin nos encontremos. Te imagino desnuda sobre el colchón, esperándome con tu boca medio abierta y tu pecho caliente, las rodillas que acompañan tus nalgas y la temperatura de las sábanas que cubren todo eso, todo lo que siempre fue un imposible. No sé, algún día probaremos ese edén, si es que ya no lo hemos hecho. "El anonimato nos protege", y así dejaste en mí abierta la esperanza sin méritos, sin clérigo, sin ley: eso, gracias a ti, es algo que recuerdo muy bien.
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