Cuando te fuiste vino la primavera. Varios de tus cuerpos se separaron de mí: tus senos pequeños y tu pecho plano, tu barba y tu perfume de durazno, tus caderas anchas y tu piel llena de manchas. Las dos sonrisas abiertas que llevaba por destino se han esfumado en medio de la multitud de esta ciudad que no descansa. Camino en la penumbra observando con atención las luces en lo alto, abajo del cielo, y ninguna me parece tan brillante como la de tus cuerpos. Mi nostalgia no tiene vergüenza y duerme en la calle al lado de los botes de basura, en el humo de los cigarrillos de la gente, en los rastros de los autos sobre el cemento estropeado por el tiempo, en los cafés y restaurantes donde tus cuerpos se sentaron alguna vez conmigo a media noche, en los cines con estrenos, en los árboles ansiosos esperando a la lluvia. El final del día llega tarde, las pequeñas diligencias me persiguen, los reflejos son un poco más humanos y el comienzo se apresura a no dejarme en paz. Me consuela este ritmo necesario, hace de mí un peso de sentido. En estas ocasiones me encuentro siendo una mujer con propósitos que puede recordar a la memoria cronológica, el más usado tiempo.
"Todo es una ilusión", repetían esos cuerpos al unísono. Las palabras se convirtieron en eco, el eco tuvo poder, y el poder tuvo un cuerpo. La forma de la vida que creábamos era algo concreto y así mismo interminable. De repente el drama desapareció un día, luego fuimos felices sabiéndonos. Nuestros cuerpos caminaban de la mano con sus dioses, cada color se hizo más intenso en cada caminata. Llegamos incluso a conseguir estar desnudos ante el mundo, armados con eso que nos hacía certeros e indestructibles. El sonido de esa frecuencia caló hondo en mí, eras tú, lo sé; ahora en la estratosfera espera mi satélite por tu señal, de nuevo y como siempre. Transito bien dispuesta estas ondas terrestres, intento conectarme con las gentes que germinan en esta ciudad repleta, pero me doy cuenta que los ruidos del día son ocasionalmente terroríficas ausencias de música: las distracciones han ampliado sus horizontes, se han hecho paso y han conquistado casi todas las cosas, incluso la mente de las personas. Mi ancla vuelve a ser la primavera, me ayuda a develar el fuego que es dibujo de tu ausencia. Un fuego que nunca encuentro aquí en la superficie, un fuego sin el que no podría vivir, un fuego con el que tampoco seguiría si se presentase permanente. El sueño adecuado en cuerpos equivocados, el sueño equivocado en cuerpos adecuados, no sé, qué más da, hasta ahora concluyo que los propósitos y el fuego deben nadar en una misma orilla.
Mi mirada cambia. Cuando encuentre su punto culminante entrará dentro de un templo donde descanse algún nuevo inmortal. Tendrán una conversación que no conoceré del todo, nuevas palabras vendrán como una revelación. Luego despertaré y encontraré los espejos de mi casa, observaré atenta el reflejo de mis miembros como el ejemplo más cercano que tengo de la finitud humana, tartamudeando con la presencia del misterio, tartamudeando con la idea de la muerte. Mi sonrisa cambia, aún sigo sonriendo. Porque aunque no estén más los cuerpos que creaste para conmigo, te amo. Porque aún cuando te amo, tus cuerpos ya viajan y están convirtiéndose en otros. Y si acaso nos cruzáramos de nuevo... las palabras para contarlo serían unas que ahora no sé.
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