El amor, un tema favorito en el hombre-.

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viernes, 27 de abril de 2012

Manos de obrero y corazón de príncipe



No sabía cómo empezar: esa división que la entretenía no era una distinción entre hemisferios derecho e izquierdo, no era una cuestión de género ni una limitación geográfica, tampoco un coloquio intelectual universitario, no se acercaba a un viaje magnético entre dos polos opuestos, o una novela de ciencia ficción plagada de certezas científicas dibujando una incómoda diferencia ideológica, pasado y futuro impulso de guerras revolucionarias. Su comienzo era un "no" definitivo, aquella palabra que deja relegado lo que uno defiende:  la esclavitud de un gladiador romano antes sabiéndose guerrero, quizás un noble griego resguardando un secreto disfrazado de harapos viajeros. La verdad de ella se encontraba en un espacio oculto para el hombre, en silencio, durmiendo en el interior, tan fuerte como la nostalgia de cualquier palabra dicha a un otro, cualquiera. La vida es la vida, está tan fragmentada y...¡vaya! la búsqueda imparable de la unión...

Conoció a un hombre hace algunos años. Algo en su corazón se abrió, un viento golpeó fuerte la ventana de su templo, y algo en su corazón volvió a cerrarse. El hombre que tenía adentro no tenía comienzo ni fin. Las flores de ese jardín que compilaba sus rostros posibles, los vástagos hijos olvidados de su presente, ese resquicio de arena que se encuentra con las ventiscas de los atardeceres y los amaneceres del mundo, los círculos perfectos, la música que se escucha por primera vez, toda esta lista y más era para ella el cuerpo de este hombre. Tenía las manos raspadas porque trabajaba construyendo edificios. Viajaba de ciudad en ciudad, ciudades con nombre y sin nombre. Observaba hacia arriba mientras caminaba por los pavimentos, y soñaba. Su corazón era de un príncipe perdido en el tiempo y el espacio. Su realidad estaba llena de cemento oficialmente valorado en las bolsas económicas de los países desarrollados, claros estaban sus pies sobre la tierra. Su espíritu era libre en el anonimato. La alegría lo contagiaba todo.

Míralo: ahora el hombre se encuentra con la mujer. Se miran, miradas fijas con cejas acentuadas. Sus manos tiemblan. Se estiran músculos y nervios en movimientos detalles, continuos, imparables, sin comienzo o fin. El hombre cuenta de un viaje que emprendió una vez. La mujer lo escucha con los ojos achinados y la sonrisa expuesta. El hombre se compone y mira hacia enfrente. La mujer navega con él esa canoa, ese posible transporte. El hombre cuenta que un día salió a la carretera con su mochila a cuestas, llena de memorias fotográficas. Palabra por palabra la mujer va recopilando los sonidos de su boca. En unas cuantas horas, esas imágenes se convierten en sueño, alegoría, creencia. Algo se abre y se cierra. Una verdad, repentina, atraviesa sus historias. La vida es la vida. Este es el momento, este es el mismo momento, -lo que es tu arriba es mi abajo, y viceversa-.




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