El amor, un tema favorito en el hombre-.

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domingo, 27 de mayo de 2012

El lado oscuro del arribo del sol



Caían los copos de nieve sobre la punta de la montaña y continuaba el curandero Emilio dirigiéndose al alma de Elizabeth. Emilio resguardaba en su casa a un gato sigiloso, receloso por saber dónde se encontraba su dueño, especialmente de noche. En el transcurso de esas miles de conversaciones que tuvieron, Emilio transmitió a Elizabeth un sin número de flechas del arco de su dios guerrero, atravesándole la creencia, mientras el animal felino andaba dando vueltas alrededor de ellos. Aquí mi mujer llora, nuestra vida comenzó cuando Elizabeth nació, así que es lo único que verdaderamente nos importa desde las entrañas, lo que nos dio el impulso por vivir, algo que alimenta mi esposa y que yo ya no puedo remplazar. Trato de distraer a la tristeza, me siento todos los días bajo el pórtico de casa a ver. Este pueblo se ha vuelto más tranquilo. Pero me inquieta a veces esa tranquilidad. Extraño es para mí que ya no tenga el cosquilleo en los brazos cuando el aire corre, diferente. En ciertos momentos dudo si soy el único que se adolece: algo nos ha dormido, pero ya no puedo descubrirlo, estoy demasiado viejo para ir en su busca.

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- Ven Elizabeth, quiero hablarte sobre algo.
- Si.
-Tengo algo para ti.
- Un regalo, ¿verdad?
- Si.
-No lo quiero.
-¿Por qué?
-Cada uno de tus regalos me aleja más de la gente que amo. Mi cuerpo ha cambiado, mi mente ha cambiado, y así sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vi a mis padres y a mis hermanos. Sé también que morirán. Y no quiero estar aquí mientras se marchan de este mundo.
-Te entiendo.
-Quiero volver con mi gente. No quiero dejar de ser parte de ellos. Déjame ir. Si dejas que así sea, aceptaré tu regalo.
-Está bien, te lo daré y podrás marcharte.
-Muy bien.
-Pero antes, debo decirte algo acerca de este regalo.
-¿Qué?
-No vas a poder recibirlo si no estás en paz conmigo y con la muerte...comprendo tu silencio, te has quedado sin palabras, ¿no es así?...
-Sí.
-Es natural que te duela lo que te digo, halé de algo que estaba muy enraizado en ti, pero debes perdonarte y perdonarme. Es necesario, si no es así, el regalo que te daré no cumplirá su propósito y se convertirá en otra cosa.
-¿En qué?
-En veneno, un veneno que te erosionará los huesos. Tu destino no es ese, el propósito de tu vida no está ahí.
-¿Cómo lo sabes?
-Elijo que así sea dándote mi regalo, eso lo sé, pero también sé porque lo sé. Es lo que debo hacer.
-Eso no tiene ningún sentido.
-Debe haber siempre un sinsentido, Elizabeth, recuerda: las palabras no navegan en ciertos lugares, de lo contrario los humanos no podríamos ser seres humanos.
-...Lo siento, Emilio... no he podido aprender nada de lo que me enseñaste...
-...no llores, Elizabeth.
-...tal vez no deba bajar todavía de la montaña.
-Ya me lo has pedido, ya ha comenzado la época en que nace esta idea dentro de ti y no hay motivo para aplazarla, confío en ti.
-No sé si pueda hacerlo.
-Haya sido como haya sido lo que te ha pasado, el saber toma más tiempo de lo que uno cree.

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He llegado a un lugar nuevo. Abro los ojos al hecho de no tener conocimiento alguno de este mundo. Mi madre ha muerto, su cuerpo ya no existe más. Mi padre no habla casi, se sienta a mirar lo que ocurre en el día, afuera. No ocurre nada en realidad. Han puesto una cerca de palos de madera en los alrededores del pueblo. Dicen que debían delinear el territorio que nos pertenece cómo dueños de estas tierras. Es necesario para evaluar a las personas de otras tierras, para saber sus verdaderas intenciones. Estoy horrorizada con el hecho. Al entrar en la ciudad, me reconocieron. Toda mi gente se reunió enfrente de casa para escucharme hablar por primera vez, después de haber descendido de la montaña. Yo no supe que decir. Parece ser que necesitaban escuchar algo, porque muchos de ellos se indignaron. Los que se quedaron me aplaudieron mirándome con cierta pena y se fueron a sus casas.

El mejor amigo de papá me entregó una placa hecha de una piedra preciosa, plateada, liviana y resistente. Luego siguió el camino de todos los habitantes del pueblo, una línea curvilínea de personas que se iba perdiendo en la distancia. En la placa estaba escrito un poema: "La música del poeta". Lo transcribo en forma literal, sin saber lo que significa:






LA MÚSICA DEL POETA - .

La ciudad del mandala,
música humana,
con sus claves de sol
y secretos de lava
asciende del abismo.

El poeta mira hacia su vida izquierda,
sostiene en sus manos el pedazo de madera,
puerta abierta a las deidades,
sin límite, glorioso.
El sabor de la verdad se atañe al hecho
recurrente y siempre atento
de lo grande que es el mundo del silencio.

Entonces se abre un puente ya abierto,
el poeta mira fijo tal espejo,
mira su imagen eternamente repetida.
"El camino no es camino si en soledad camina",
piensa el poeta,
"no fue el acuerdo concordado
es la vida que tanto yo temía".

Más parece tarde que temprano,
el tiempo de este cuerpo se libera,
no es el poeta más que una marioneta,
y sin preámbulos se estremecen ya las cuerdas
de ahora el instrumento
de la verdad a secas.


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