Lo más probable es que mi nombre sea Elizabeth. A veces cambia y soy Alis, y muy de vez en cuando, Catalina. Mi nacimiento está próximo: el curandero Emilio le dijo a mamá que será entre la primera y la segunda semana del onceavo mes de este año. Este año es especial y tiene cuatro dígitos. Lo sé porque cuando el curandero posa su mano en la panza de mamá, lo susurra para mí. Veo en contraluz el aroma de las huellas de sus manos, deja escrita la época que me espera. Si logro tener suficiente tiempo de vida, podré descifrar este misterio por mí misma. Aquí todo va muy bien: como vegetales, pescado y frutas. Me gusta comer, y creo que es una de las cosas que más disfruta mamá. De vez en cuando papá viene al caer la noche y hace sonreír a mamá. Cuando sonríe me despierto; hay un líquido que me infla de emoción pura, aparece de repente, me tiembla todo el cuerpo. El curandero dice que eso es bueno, dice que las dos cosas son alimento. Yo hablo con él, a veces. Porque me siento muy sola y todavía nadie puede oírme. Emilio dice que es normal, "las palabras al fin y al cabo, muchas veces sobran", dijo.
Quiero ver el mundo. Ese es mi deseo. El curandero dice que será muy pronto y que tenga paciencia, pero me cuesta esperar para verlo. "La semilla es primero semilla para luego poder ser árbol". En realidad no entiendo a lo que se refiere. Tal como un día, cuando mamá lloraba. Estaba sentada junto al río, cerca a la casa de Emilio. El río se mojaba de sus lágrimas. Las gotas caían y se hacían. Se iban, pero volvían. Emilio vino de lejos, se sentó al lado de mamá, me miró y me dijo:
"No entiendo, ¿quién habla?".
"Tu mamá".
"¿Tengo dos mamás?"
"No exactamente: habla por dentro, con ella".
"¿Por qué habla tanto mamá si las palabras muchas veces sobran? Tú mismo lo dijiste: explícate".
"Porque tu mamá no está hablando con palabras".
"Entonces, ¿con qué habla?".
"Con historias, historias que ya ocurrieron y que ocurren ahora. Tu mamá alguna vez fue río, otra vez fue montaña, quizás tierra. Ella no lo recuerda, pero lo sabe. No lo recuerda porque tiene este cuerpo, el cuerpo que le habla desde la historia que vive. Pero este mismo cuerpo sabe de cuando fue río, de cuando fue montaña, quizás tierra".
"¿Cómo lo sabes?".
"Porque hay dos voces buscando en su interior".
"¿Y qué buscan?"
"Un deseo".
"¿Mamá no tiene deseos?"
"Los perdió".
"¿Y eso hace que mamá llore?".
"Si.".
"¿Por qué?"
"Porque si no tiene deseos, no puede crecer, y lo que no crece, muere".
"Pero yo estoy aquí, mamá no puede morir".
En realidad no entiendo a lo que se refería, será mejor esperar hasta estar ahí afuera. Lo que si sé es que todos somos semillas. Eso fue lo que me explicó el curandero. No veo por qué, pero sé que así es. Sólo recuerdo haber visto llorar a mamá aquella vez. Hasta ahora no ha vuelto al río. Falta poco para que mi deseo se cumpla. Tal vez así, mamá pueda encontrar de nuevo el suyo. Emilio no tiene respuesta para esa pregunta. Y la última vez que se la hice, se fue río arriba hacia la montaña y no volvió más.
Esa noche papá trajo mangos y ciruelas, deliciosas; Entonces mamá pudo tomar sus dos alimentos: "la semilla es primero semilla para luego poder ser río, otra vez montaña, quizás tierra".
Esa noche papá trajo mangos y ciruelas, deliciosas; Entonces mamá pudo tomar sus dos alimentos: "la semilla es primero semilla para luego poder ser río, otra vez montaña, quizás tierra".
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